La ansiedad es un indicativo de un estado de ánimo que nos conviene conocer y que no hay que reprimir. Si quieres fluir, has de reconocer cuáles son las principales reacciones de nuestro organismo. En cualquier caso, sí es bueno saber hasta qué punto es sano experimentar estas sensaciones para que no nos dominen. En este artículo te explicaremos cómo funciona la ansiedad para que actúes en consecuencia.

El funcionamiento de la ansiedad: las principales características

El sentimiento de la ansiedad es, ante todo, de carácter adaptativo. El cerebro segrega una determinada cantidad de sustancias cuando considera que está en peligro. Por ejemplo, hay un aumento de la producción de adrenalina. Este es el motivo por el que experimentamos taquicardia o estamos más nerviosos.

Hay que tener en cuenta que las estructuras cerebrales superpuestas nos hacen tomar varias decisiones. Cuando estamos ansiosos, captamos emocionalmente algo que nos parece peligroso (sistema límbico) y podemos tomar decisiones racionales (neocórtex) u optar por los impulsos primarios de huida y lucha (cerebro reptiliano). El cerebro es una estructura compleja, de manera que siempre hay varias formas de decidir.

Sentir ansiedad en algunos momentos es normal e incluso saludable. Si estamos en el punto de eustrés, esta energía nos servirá para alcanzar nuevos desafíos. La condición básica es que no se puede avanzar sin un nivel mínimo de estrés. El problema es que, a partir de determinados niveles, el estrés puede ser contraproducente.

¿Cuándo tendríamos que preocuparnos?

Como principio general, una persona ha de preocuparse de la ansiedad cuando esta le supone un problema. Si esta sensación es puntual, moderada y acotada a momentos donde corresponda, no te deberías preocupar demasiado.

El problema de estar ansiosos radica en tener esta sensación a deshora. Por ejemplo, una mala experiencia nos puede reproducir esta emoción aunque hayamos realizado una acción varias veces. En este caso, y aunque la función es “alertar” de un peligro, el resultado es inútil. Esta es una de las situaciones en las que se necesita ayuda.

Otro aspecto a indicar es que las personas que sienten una ansiedad desbordada tienen problemas para su vida cotidiana. Este es el momento en el que el mecanismo pasa a tener una vertiente patológica.

Existe un tercer caso, y es el de las personas que, teniendo ansiedad a deshora, son capaces de entender por qué la experimentan y, a partir de ahí, se sienten liberadas. Este punto es muy importante porque el conocimiento puede ser liberador y regenerador.

Hay muchos motivos por los que las personas pueden estar ansiosas. La mayoría de las veces son coyunturales, pero también hay situaciones estructurales a respetar. Te recomendamos, pues, que hagas este trabajo autoconocimiento.

Conclusión

Si estás interesado en mejorar tu bienestar, es bueno saber por dónde empieza.  Las situaciones de estrés desbordado no son recomendables pero, si cuentas con determinados recursos, te resultará más sencillo reponerte. En Emocodificación te ofrecemos mecanismos para que te conozcas mejor a ti mismo y tomes decisiones conscientes. El conocimiento nos empodera y nos permite mejorar.

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