Muchas personas han vivido violencia familiar en la infancia y eso les genera multitud de problemas. Lo cierto es que siempre hay una situación de desequilibrio y conocer en qué medida es fundamental. Consideramos que aportar luz puede ser bueno para que las personas puedan reconocerse y mejorar. Queremos, desde el respeto, indicar alguna de las situaciones que se derivan de esta circunstancia para que tomes consciencia y las puedas superar.

La violencia familiar con los hijos

Aunque hay varios tipos de violencia familiar con hijos, en este caso nos centramos en la más directa. Las agresiones físicas, verbales y el menosprecio abierto son letales para los más pequeños.

Es importante recordar que no todas las personas reaccionan igual ante este tipo de violencia. En función del talante de la persona, la respuesta será una u otra. Lo que sí hemos de indicar es que habrá un desequilibrio de raíz que interferirá en las relaciones sociales del niño. No en vano, hay que recordar que la familiar es el primer agente de socialización y donde el niño se nutre de afecto.

Cuando la violencia se perpetra ante niños inseguros, lo normal es que estos se retraigan. Les resultará más difícil relacionarse con sus semejantes y tendrán, siempre, una cierta reserva. Estaremos, pues, ante personas que de adultas no podrán explotar todas sus potencialidades. Es una pena porque, muchas veces, estamos ante personas capaces que se sienten frenadas a la hora de emprender proyectos.

Si la violencia se ha perpetrado ante niños más extrovertidos, lo más probable es que desconozcan los límites. Muchos problemas de delincuencia juvenil están relacionados, precisamente, en esta actitud amoral por la falta de referentes claros. La rebeldía de la adolescencia se amplifica porque hay un resentimiento latente que canalizar de esta forma. Es evidente que esta actitud no es sana y traerá problemas de adaptación social.

En cualquier caso, las heridas recibidas por la violencia tardan en cicatrizar. Este es el motivo por el que convendrá que sanes esta situación desde la consciencia cuando seas adulto. Si has vivido esta situación, tienes que recordar que tú no tenías ni tienes la culpa de haberla padecido.

Conclusión

Los obstáculos que se nos presentan en la vida son varios, pero es cierto que las malas experiencias nos pueden frenar aun cuando hayan pasado varias décadas. Esta es la razón por la que conviene liberarse de estas cadenas, porque así nos será más fácil vivir.

Ahora bien, sí hay que decir que los problemas tienen varias graduaciones. Recuerda que cualquier mejora o recuperación partirá de una toma de conciencia de la situación. En consecuencia, lo primero que te conviene es identificar de dónde viene tu problema. A partir de ahí, podrás movilizar recursos para solucionarlo y, sobre todo, romper con el patrón de conducta adquirido.

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