Sentirnos culpables es habitual, de manera que conviene saber por qué es así. Al final, es normal que pasemos por varios estados emocionales de altibajos y que, en ocasiones, nos cuestionemos si lo que hacemos es lo correcto. Entender nuestros sentimientos es una parte fundamental para ganar en bienestar. Te damos algunas pautas para que el proceso sea más sencillo.

¿Siempre soy culpable?

El concepto de asertividad se popularizó en los años 1970. La publicación del “Cuando digo no, me siento culpable” de Manuel J. Smith supuso un hito a la hora de determinar en qué casos la culpabilidad no nos sirve. Consiguió demostrar que la culpabilidad es un sentimiento en muchos casos inútil y que nos impide avanzar.

Tradicionalmente, las personas se han sentido culpables si no hacían algo correcto. Este mecanismo de consciencia puede ser positivo en algunos casos, sobre todo en la infancia y juventud. En el proceso de socialización es fundamental distinguir entre el bien y el mal, que en este momento debería coincidir con lo correcto e incorrecto.

Sin embargo, el mundo cambia muy rápido y las formas de pensar. Quizás lo que antes servía para mantener el statu quo ahora solo genera infelicidad. Por este motivo, conviene diferenciar mejor cuando crecemos. Hay cosas que pueden resultar malas para la mayoría de las personas, pero no para nosotros.

¿Cómo evitar sentir culpa?

Antes de nada, ten en cuenta que todo lo que sea bueno para ti es lícito si no hace daño a los demás. En consecuencia, conviene que seas sincero contigo mismo y que te hagas esta pregunta. Una vez que la hayas respondido, podrás discernir si tu decisión es la correcta.

Por ejemplo, es posible que decir que “no” a una situación que no compartes tenga un coste negativo para otras personas. Si es así, puede que en un primer momento te sientas culpable. Sin embargo, si estudias con detenimiento la situación, comprobarás que no tienes por qué. Al final, uno de los principios de la asertividad es que nosotros somos nuestro último juez. 

El caso contrario, más propio de adolescentes o de personalidades en formación, es el de las personas que no dan importancia a una mala acción y la justifican en base a la edad o a que “todos hacen eso”. En este caso, quizás sí sería bueno replantearse si algo no funciona bien.

En definitiva, no se trata de que sigamos una moralina caduca, pero sí de seguir valores.

Conclusión

La culpabilidad se ha utilizado tradicionalmente como un arma para el poder para que la población estuviese quieta y como chantaje emocional en las relaciones personales. Lo bueno es que es posible salir de este círculo vicioso. Cuando esto sucede, la persona es más feliz y se siente capaz de hacer lo que se proponga.

En Emocodificación y Sanación Genética te podemos ayudar a desterrar prejuicios que te atormentan. Nuestra experiencia nos dice que, en la mayoría de los casos, lo que necesita la persona es liberarse de esta losa y sanarla.

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