Hablaremos hoy de un concepto que merece la pena ver con más detenimiento, la salud integral.
La Organización Mundial de la Salud define a la salud como el mejor estado de bienestar integral, físico, mental, emocional y social, que una persona pueda alcanzar y no solamente como la ausencia de enfermedades. La persona saludable es aquella que está bien.

Nos hemos ido acostumbrando a tratar casi todas las cosas aisladamente, en el caso de la salud, la hemos separado como un ente aislado, que corresponde sólo a la ausencia de enfermedad. Precisamente no es el caso, si partimos de la base que nuestro cuerpo está interconectado en todos los sentidos, nuestro organismo no está formado por partes inconexas, todas nuestras funciones están interconectadas. Entonces, partiendo de esta premisa, lo lógico es deducir que lo que llamamos enfermedad no responde a una única causa. Si no tenemos en cuenta esta perspectiva, solucionaremos problemas puntuales, pero quizás no vayamos a la raíz.  A la larga, este aspecto es fundamental para que no haya ningún tipo de problema.

En nuestra evolución, todo los que nos ha llevado a ser como somos se ha producido de una manera interconectada, con lo físico, lo mental y emocional, pero también con la relación que mantenemos con nuestros semejantes y el entorno, de hecho, somos una especie altamente sociable. Cuando contemplamos la salud como algo integro, encontraremos que todos y cada uno de los factores que intervienen en ella, nos estarán dando claves para mejorarla.

¿De qué sirve un medicamento, si no creemos que nos va a curar?

Sobre esto hay muchos estudios realizados y su principal muestra está en los “placebos”. El denominado efecto placebo tiene mucho que ver con determinadas sanaciones. Más allá de la función terapéutica de los medicamentos, creer en las posibilidades de sanarse es fundamental.

Cuando se trata de salud, hay que analizar y mirar todas y cada unas las de las partes que componen nuestro ser. Comprender que la enfermedad es multifactorial nos llevará a analizarla desde una amplia visión, dando por ello un resultado que no solo actuará a nivel físico, sino que lo hará en todos y cada uno de los factores que intervienen.
También es cierto que tenemos que contar con la individualidad de las personas. Cada uno de nosotros tiene unas experiencias, paradigmas y unas creencias establecidas por nuestras vivencias, una morfología con reacciones diferentes y también emocionalmente diferentes. Si partimos de la base de que cada persona es única e irrepetible, las reacciones también lo son.

De esto podemos deducir que, aunque pueda haber conceptos generales, debemos actuar individualmente con cada persona, analizando sus factores particulares y completando una amalgama, para recuperar lo denominado salud integral. La perspectiva holística es fundamental para conseguir una mejora integral de todos los ámbitos. Te animamos, pues, a que nos conozcas mejor para encontrar soluciones a los problemas que se te presenten.

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