El victimismo es una de las actitudes vitales más inútiles. Caemos en la autocomplacencia y eso nos autolimita, impidiendo que logremos nuevas metas. Ahora bien, no está de más que sepamos definir correctamente los términos porque hay actitudes que son victimistas y otras que no lo son. Este artículo te lo explica. 

Qué es el victimismo

El principal rasgo característico del victimista es echar balones fuera. O, dicho de otra forma, asumir que los demás o el entorno son los responsables de su situación. Es ahí donde empiezan los problemas.

Ahora bien, y para no confundirse, hay que indicar que victimista será aquel que utilice este argumento como pauta general. Por lo tanto, para saber si se tiene una actitud victimista, hay que tener un cierto conocimiento previo de la persona o propio.

Algunos ejemplos de actitudes victimistas son los siguientes:

  • Responsabilizar siempre al sistema de no encontrar trabajo o de sus problemas. Esta situación, a la larga, supone darle a factores externos un poder absoluto.
  • Echar la culpa a los hombres (o a las mujeres) en general por una relación de pareja fallida. El mensaje que se está proyectando, a la larga, es que todas las relaciones saldrán mal.
  • Considerar que las demás personas no se saben comportar y que uno siempre tiene la razón. Es muy difícil crear o mantener ningún vínculo relacional sano con esta premisa; no ha de extrañar que algunos victimistas sean muy manipuladores

Existen múltiples variantes pero, si escuchas esa música, probablemente estarás ante un victimista. 

Qué no es victimismo (e igual piensas lo contrario)

Ahora bien, en tiempos de coaching y de superar la zona de confort, se tiende a asumir este concepto como un cliché. Y no, no todas las personas con sentimiento de impedimento son victimistas

Por ejemplo, reclamar una reparación por una agresión o un perjuicio invalidante no es victimista. Y asumir que esa situación limita tampoco; lo que sí sería victimista es, partiendo de esa base, no buscar otro tipo de estímulos. Lo que no sería maduro es soslayar esa situación, porque el daño sería, a la larga, peor que lo que se pretende evitar. 

Y es muy importante señalar algo, que es la vulnerabilidad. Sentirse vulnerable ante una injusticia no es malo, es una emoción natural. El problema está cuando esta emoción se cronifica, porque ahí se estaríamos ante un comportamiento patológico. 

El concepto es bien claro: en la vida existen culpables externos en ocasiones. La única diferencia entre un victimista y alguien que no lo es es que el segundo no utiliza ese argumento para impedirse nuevos horizontes. 

Conclusión

Es verdad que el peor enemigo que tenemos la mayoría de las veces somos nosotros mismos. Pero dicho esto, hay que hilar muy fino para ver cuándo somos victimistas o cuando no. Y, por supuesto, si vemos que necesitamos algún tipo de ayuda o consejo, pedirlo.

El victimismo es una actitud muy tóxica que conviene soslayar, pero eso no significa estar fuera de la realidad. ¿Necesitas dar un cambio a tu vida y recolocarte? En las sesiones de Emocodificación te podemos ayudar a ello. 

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