Cómo gestionar las expectativas

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La gestón de las expectativas es fundamental porque tenemos tendencia a que esta sea deficiente. Y las decepciones vienen de ahí. ¿Quieres darle la vuelta a eso? Aquí entramos en el fondo del tema y te ayudamos a diferenciar ambos conceptos para mejorar tu vida.

¿Por qué las expectativas generan frustración?

Lo primero que hay que señalar es que el origen etimológico de expectativa, del latín exspectātum  implica inacción o espera de un tercer factor. En función del caso, nos podemos referir a un amigo, a la familia, a una pareja o, incluso, al destino o a la providencia.

El principal problema de una expectativa está, precisamente, en que ponemos nuestra fuerza en factores que no podemos controlar. Y esto, evidentemente, genera problemas de peso, porque, si ese factor externo no se da, se pierde tiempo y, sobre todo, se genera frustración. A veces, por ejemplo, esto nos puede hacer perder amistades por esperar algo de estas.

Si, además, repetimos este patrón, lo más probable es que perdamos la fe en las relaciones personales, lo que nos puede agriar el carácter. Por eso es bueno actuar y esperar de factores externos lo justo y necesario.

«Esperaba que» es una frase recurrente. Y la autosuficiencia al 100 % es imposible, cierto, pero sí nos podemos encontrar con que hay cosas que no se tienen que dejar al albur de otros factores. Cuanto más dependamos de nosotr@s mism@s, mejor que mejor.

Cómo gestionar adecuadamente nuestras expectativas

El cambio de perspectiva se tiene que dar sabiendo que uno puede tener expectativas, sí, pero desde la acción. ¿El motivo? Que uno no tiene que olvidar sus responsabilidades y su capacidad de generar su realidad.

Quizás, aquí puede ayudar que cambiemos el concepto de expectativa por el de ilusión. La ilusión nos empodera y nos da un poder de acción y de decisión que, en teoría, la expectativa no contempla. Es bueno tenerlo presente, puesto que, de lo contrario, entraremos en un bucle negativo. Cuanto tienes ganas de conseguir algo y tienes consciencia de que tú lo puedes lograr, eso tiene un efecto multiplicador.

Precisamente, lo bueno de actuar desde la ilusión, pero empoderándote, es que vas un paso más allá. Pones el esfuerzo, pero lo pones tú, no lo cedes a otras personas. Y esa ilusión puede ayudarte sustancialmente para ir un paso más allá en tus objetivos personales, profesionales o académicos. Por supuesto, también para empezar nuevos proyectos. Toda esta energía la diriges tú, no la diriges en función de otros factores.

Y, en cualquier caso, cuando tengamos que esperar algo de terceros, que sea lo justo y necesario. Así, si nos decepcionan, el coste y/o perjuicio será menor para nosotros. Por todo ello, siempre que puedas, es mejor que una expectativa no sea la forma de actuar habitual.

Cambia las dinámicas

Trabajar desde las expectativas se puede cambiar por hacerlo desde la ilusión y, si se mantienen, deben ser realistas. ¿Quieres mejorar? En Emocodificación te puedo ayudar a alinear cuerpo, mente y espíritu. ¡Contáctame para que sepas de qué manera conseguirlo!